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Diagnóstico patrimonial: inventario de activos y titularidad

Antes de mover un activo hay que saber qué hay, a nombre de quién está y con qué documentos se soporta. Este diagnóstico levanta ese inventario y lo cruza con la estructura societaria, con las deudas y con las garantías vigentes. Se entrega por escrito, activo por activo: quién figura como titular, qué respalda esa titularidad y qué queda expuesto si el negocio tiene un problema. Es el punto de partida de cualquier decisión patrimonial seria.

Qué responde este diagnóstico

Casi ninguna familia empresaria tiene contestadas por escrito tres preguntas básicas: qué activos componen el patrimonio, a nombre de quién figura cada uno y con qué documentos se prueba esa titularidad. Mientras no existan esas respuestas, cualquier decisión sobre estructuras, protocolos o sucesión se toma sobre una versión aproximada de la realidad. Este trabajo reemplaza esa versión por un documento verificado.

Qué revisamos

  • Titularidad actual de cada activo y su relación con la operación del negocio.
  • Estructura societaria vigente y participación real de cada miembro de la familia o del grupo de socios.
  • Documentos que soportan la adquisición, el costo fiscal y la trazabilidad de cada bien.
  • Puntos de confusión entre el patrimonio de la empresa y el de sus socios: cuentas, créditos, uso de bienes y gastos.
  • Obligaciones que pesan sobre los activos: hipotecas, prendas, garantías, gravámenes, embargos y compromisos con terceros.
  • Estado de los libros societarios, del registro de accionistas y de las reformas estatutarias efectivamente inscritas.
  • Régimen matrimonial de cada titular, con sociedad conyugal vigente o disuelta y capitulaciones, y su efecto sobre quién es dueño de qué.

Lo que suele aparecer

El ejercicio casi siempre revela cosas incómodas. No son excepciones: son los hallazgos ordinarios de una estructura que creció al ritmo del negocio y que nadie se detuvo a ordenar.

  • Aportes hechos hace años que nunca se documentaron y que hoy no tienen soporte.
  • Participaciones que figuran a nombre de quien ya no debería tenerlas: un familiar, un socio que salió o una persona de confianza.
  • Inmuebles de la familia que están garantizando deudas de la operación.
  • Decisiones aprobadas en acta que nunca se inscribieron en la cámara de comercio.
  • Libros de accionistas desactualizados frente a las cesiones que en realidad ocurrieron.
  • Bienes adquiridos durante la vigencia de una sociedad conyugal que hoy tienen más titulares de los que la familia creía.
  • Activos comprados a nombre de una sociedad que dejó de operar hace años y que nunca se liquidó.

Cómo lo hacemos

  • Lista de documentos. Entregamos al inicio la relación concreta de lo que hay que reunir: certificados de tradición, escrituras, certificados de existencia y representación, libros, actas, contratos de crédito y declaraciones. Así la familia sabe exactamente qué buscar y cuánto trabajo implica.
  • Verificación en la fuente. No nos quedamos con lo que se recuerda: cruzamos cada dato con los registros públicos y con los libros de la sociedad.
  • Conversación con quien conoce la historia. El origen de un bien explica problemas que el papel no muestra, sobre todo en operaciones entre familiares.
  • Documento final. Entregamos el inventario escrito, con la posición de cada activo y las advertencias que correspondan, en un formato que sirve para discutir en familia o en junta.

Qué recibe el cliente

  • Un inventario patrimonial que dice, activo por activo, quién es el titular, qué documento lo soporta y qué tan sólido es ese soporte.
  • El mapa de la estructura societaria como está hoy, con la participación real de cada persona.
  • La lista de puntos de exposición: qué bienes familiares responden por deudas del negocio y en virtud de qué obligación.
  • La lista de pendientes documentales y registrales, ordenada por urgencia, con lo que hay que hacer en cada caso y ante quién.
  • Una recomendación sobre cuál es la siguiente conversación: estructura, gobierno de la familia, sucesión o consecuencias tributarias.

Cuándo conviene pedirlo

  • Antes de constituir una holding, firmar un protocolo de familia o mover cualquier activo.
  • Cuando entra la siguiente generación a la propiedad y hay que saber con precisión qué se está repartiendo.
  • Cuando fallece un socio o un miembro de la familia y hay que ordenar la participación antes del trámite de sucesión.
  • Cuando aparece un comprador para la empresa, porque la revisión previa a la compra pregunta exactamente esto.
  • Cuando la familia sospecha que hay bienes personales expuestos al riesgo del negocio y quiere confirmarlo antes de actuar.
  • Cuando el banco pide claridad sobre qué respalda una obligación antes de otorgar o renovar un crédito.

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